El sistema de cross docking es conocido desde principios de los años 1930, pero solo recientemente su uso ha aumentado de forma significativa. Descubramos cómo funciona.

Existen varias definiciones, más o menos precisas, de esta técnica: el cross docking es la operación mediante la cual la mercancía que llega al almacén desde uno o varios orígenes se descarga y se vuelve a cargar, al menos en parte, directamente en otros vehículos con destino a los clientes finales. En la práctica, la mercancía solo transita administrativamente por el almacén, mientras que físicamente ni siquiera se coloca en estanterías.

El cross docking es una solución de logística lean que permite acelerar la entrega al cliente final y eliminar, o reducir drásticamente, los costes de almacenamiento y de manipulación de materiales. Este sistema puede parecer simple, pero en realidad exige un control constante de la información y una supply chain bien diseñada, ya que solo puede funcionar correctamente si existe una relación estrecha con los proveedores (logística colaborativa). El cross docking requiere una coordinación perfecta de los flujos físicos e informáticos de entrada y salida.

Este tipo de estrategia distributiva es especialmente adecuado para la distribución de productos alimentarios, en particular los perecederos y/o con temperatura controlada, los bienes de gran consumo de alta rotación (FMCG), el sector de la moda (especialmente el fast fashion) y el comercio minorista.

Las principales ventajas que se buscan con la aplicación de esta estrategia:

  1. Un almacén más pequeño gracias a una menor necesidad de almacenamiento de mercancías (habrá que estudiar bien las zonas auxiliares, como por ejemplo los muelles de carga).

  2. Unos costes laborales más bajos debido a una menor necesidad de preparación de pedidos (el picking se reduce notablemente).

  3. Una mejora significativa de los plazos de entrega y, por tanto, del servicio al cliente.

Los principales inconvenientes son:

  1. El esfuerzo de organización y coordinación de la supply chain, que también puede requerir el uso de complejos programas ad hoc.

  2. La fragilidad del nivel de servicio, como en todos (o casi todos) los flujos tensos: muy bueno si todo funciona, muy malo ante el menor bloqueo; y la necesidad de un volumen importante para aprovecharlo plenamente.

  3. La inadecuación de la técnica cuando el producto requiere personalizaciones.