
Para diseñar un espacio destinado al almacenamiento, deben tenerse en cuenta numerosos aspectos. Esta actividad de diseño es extremadamente importante si se considera que el almacén es el corazón de una empresa de productos y/o servicios: es el área donde se desarrolla toda la logística. Todo lo que se recibe, se ubica, se almacena y luego se prepara para su expedición pasa por este centro neurálgico, crucial para el buen funcionamiento de la actividad.
¿Cuáles son las principales dificultades que surgen al definir el layout de almacén? En primer lugar, la identificación de los espacios necesarios, tanto en términos de superficie como de volumen. Una vez definidos estos elementos, puede elaborarse un primer esquema del layout general, en el que se preverán las estructuras de almacenamiento e identificarán los medios adecuados para la manipulación de las mercancías. Si los equipos y las estructuras tienen un impacto importante en el layout inicial, es en esta fase del proyecto cuando conviene introducir las modificaciones para llegar al layout definitivo.
En la definición de un layout de almacén, algunas cuestiones de gestión deben tener necesariamente en cuenta los siguientes aspectos:
niveles de stock,
procesos de gestión de inventarios,
formación de los recursos humanos y definición de una metodología de control del rendimiento,
definición de un método de seguimiento de la productividad de la zona de almacén.
Al diseñar una zona de almacenamiento, es esencial conocer y evaluar en profundidad las características físicas del edificio para organizar los flujos internos planificando todos los casos posibles. Para identificar a una persona que pueda servir de referente para la dirección durante la realización de un proyecto de nuevo almacén, conviene nombrar un coordinador de las actividades internas y de los proveedores externos.
Existen ciertos elementos imprescindibles a la hora de definir superficies y volúmenes. En primer lugar, hay que definir cuidadosamente la tipología de las mercancías que se almacenarán, distribuyéndolas según sus dimensiones, sus volúmenes, sus pesos y la frecuencia con la que se manipulan, tanto en la entrada como en la salida.
Para cada categoría, se pasará después a definir el número de referencias (artículos) que pueden asignarse. Otro aspecto fundamental a tener en cuenta son las condiciones climáticas necesarias para la conservación de los productos.
A continuación, la superficie se subdivide en función de las zonas. En primer lugar, hay que identificar la zona de recepción, que debe poder acoger los distintos materiales en función de su frecuencia de llegada. Dentro de esta zona de recepción, también conviene prever un espacio dedicado a la acogida de los transportistas, así como una zona de espera/parada para los conductores.
Otra zona identificada en el layout de almacén es la destinada al almacenamiento de las mercancías. Sin duda, es la zona más importante de todo el almacén: debe prever siempre espacios libres que puedan utilizarse durante los periodos de máxima actividad.
Por último, una zona que debe preverse es la dedicada a la preparación (allestimento), que depende en gran medida del tipo de servicio realizado.
En el layout definitivo del almacén, deben especificarse los siguientes elementos:
zona destinada al almacenamiento,
número potencial de ubicaciones de palets,
cantidad de referencias que pueden almacenarse en una estantería determinada.




